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Una web no empieza cuando alguien ve su página de inicio.

Empieza bastante antes.

El primer día de trabajo de un proyecto web suele tener algo de extraño. Durante horas puedes estar trabajando intensamente en una web y, sin embargo, si alguien entra en Internet todavía no encontrará prácticamente nada.

No hay una portada espectacular. No hay fotografías colocadas en su sitio. No hay textos perfectamente maquetados. No hay animaciones.

Hay, en cambio, dominios, DNS, servidores, instalaciones, configuraciones y muchas pequeñas decisiones.

Y hoy toca empezar por ahí.

Primero, el dominio.

Lo primero es conseguir que el dominio y el servidor sepan que tienen que hablar entre ellos.

Parece sencillo, pero aquí empieza una parte del trabajo que normalmente nadie ve.

Hay que revisar el dominio, configurar los DNS y comprobar que apuntan correctamente al lugar donde va a vivir la web.

Después toca esperar.

A veces todo parece estar correcto inmediatamente. Otras veces hay que comprobar propagaciones, revisar registros y asegurarse de que cada pieza está respondiendo como debe.

La web todavía no existe para el visitante.

Pero ya está empezando a existir.

Y entonces aparece WordPress.

Cuando la parte técnica inicial está preparada, llega uno de los momentos más reconocibles: instalar WordPress.

Es fácil pensar que instalar WordPress consiste simplemente en instalar WordPress.

Pero esa instalación es solamente el principio.

Una vez dentro del panel de administración comienza una lista bastante menos fotogénica de tareas.

Y bastante larga.

Una web tiene muchas pequeñas decisiones.

Hay que elegir y configurar el tema.

Instalar los plugins necesarios.

Comprobar que son compatibles.

Configurar cada uno de ellos.

Eliminar aquello que no se necesita.

Decidir cómo se van a estructurar las páginas.

Y, poco a poco, empezar a darle forma a lo que todavía es una instalación prácticamente vacía.

También hay tareas pequeñas que, precisamente por ser pequeñas, son fáciles de olvidar.

Subir el favicon.

Poner el nombre correcto al sitio.

Configurar el título y la descripción.

Elegir los ajustes generales.

Decidir el formato de las fechas.

Configurar los enlaces permanentes.

Comprobar si el blog admitirá comentarios o si estarán desactivados.

Revisar los usuarios y sus permisos.

Configurar la zona horaria.

Y muchas otras cosas que probablemente nadie verá nunca.

Pero que conviene que estén bien.

El diseño todavía no es el diseño.

En este momento puede empezar a aparecer la parte más reconocible de mi trabajo como diseñador web.

Pero incluso aquí hay una peculiaridad.

Diseñar una web no consiste solamente en decidir qué color tendrá un botón o dónde colocar una fotografía.

Antes hay que conseguir que todo aquello que está debajo funcione correctamente.

El tema tiene que estar preparado.

La estructura debe tener sentido.

Los elementos tienen que comportarse como esperamos.

Y la web tiene que quedar preparada no solamente para ser vista, sino también para crecer.

Porque una web no es una fotografía.

Es algo que va a cambiar.

También hay SEO.

Mientras se configura la web ya aparecen algunas de las primeras decisiones relacionadas con el SEO.

La estructura de las URLs.

Los títulos.

La jerarquía de contenidos.

La forma en la que se organizarán las páginas.

Los elementos que podrán rastrear los buscadores.

No tiene demasiado sentido terminar una web y preguntarse después cómo hacer que sea comprensible para Google.

Algunas decisiones de SEO empiezan mucho antes de publicar la primera página.

Y cada vez hay que pensar también en la IA.

Hoy, además, una web no vive solamente en el mundo de los buscadores tradicionales.

También existe el AEO y el GEO: la optimización de la presencia y la información de una empresa para que pueda ser encontrada, interpretada y utilizada correctamente por sistemas de inteligencia artificial.

Eso significa que algunas decisiones que antes podían parecer puramente técnicas adquieren otra dimensión.

Una empresa necesita tener una identidad clara.

Sus contenidos necesitan estar bien estructurados.

La información importante tiene que poder encontrarse y relacionarse correctamente.

Y todo eso empieza a construirse desde el principio.

Soporte técnico antes de que haya clientes.

Hay otra parte del trabajo que suele quedar todavía más escondida.

El soporte técnico.

Porque configurar una web también significa comprobar que las cosas funcionan.

Que el dominio responde.

Que el certificado SSL está correctamente instalado.

Que WordPress carga.

Que los plugins funcionan.

Que no hay conflictos.

Que las versiones son compatibles.

Que el correo está correctamente configurado cuando forma parte del proyecto.

Que las copias de seguridad están previstas.

Que el sistema está preparado para las siguientes etapas.

No es la parte más visible del trabajo.

Pero probablemente sea una de las más importantes.

Al final del día.

Al terminar el primer día puede ocurrir algo curioso.

Después de muchas horas de trabajo, alguien podría entrar en la web y pensar:

«Aquí no hay nada.»

Y tendría razón.

Todavía no hay nada que enseñar.

Pero debajo de ese vacío ya existe una estructura.

El dominio sabe dónde tiene que ir.

WordPress está instalado.

El tema está preparado.

Los plugins están configurados.

Las URLs tienen una estructura.

El favicon está colocado.

Los ajustes básicos están hechos.

El SEO empieza a tener una base.

Y la web ya está preparada para comenzar a convertirse en lo que será.

Quizá esa sea una de las cosas que más me gustan de empezar una web.

Durante las primeras horas no estás construyendo lo que la gente va a ver.

Estás construyendo aquello que hará posible que, más adelante, puedan verlo.

Y mañana habrá que seguir.